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En la comunidad educativa hace tiempo de suenan las voces de alarma por el actual sistema educativo. Ahora estos temores se han transformado en una realidad, la que sitúa a nuestro sistema educativo en las últimas posiciones de toda la comunidad europea.
El sistema en el que se educa nuestros hijos considera que todos los alumnos deben seguir una única vía académica hasta los dieciséis años. Podría parecer que esto es positivo, pero el problema reside en el principio “abarcador” . Por desgracia (aunque yo diría, más bien, por suerte) no todos los alumnos son iguales. Los hay más listos, más sacrificados, más respetuosos; como también nos encontramos con el reverso exacto de las anteriores virtudes. Como todos deben, por ley, seguir la misma senda, es inevitable que unos se queden más rezagados que otros. Pues bien: esto lo arreglan el sistema actual haciendo pasar de curso a todo el mundo, apruebe o suspenda todas las asignaturas. A esto se le llama “promoción automática“. Seguramente sabrán que en Primaria sólo es posible repetir un curso en toda la etapa. Aunque el niño no haya aprendido a leer o a escribir, aunque apenas haya ido al colegio, se le catapulta hacia el Instituto con tan frágiles armas. Ni que decir tiene que lo que le resta de vida escolar será para él un sufrimiento diario. Y, en muchos casos, para mitigar la frustración, este tipo de alumno hará sufrir a quienes permanecen en la escuela con un objetivo concreto: el de enseñar, en el caso del profesor; el de aprender, en el caso del estudiante.
Por todos es conocido que en la actualidad el docente dedica una gran parte de tiempo a mantener el orden, restándolo del tiempo de educación y formación.
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